Guillermo de Ockham (ca. 1287- ca. 1347) fue donado a los franciscanos a una edad muy temprana. En 1306 se ordena y, poco después, comienza a estudiar teología, estudios que nunca terminó. De ahí que se le conozca como "Venerabilis Inceptor" ("principiante venerable"), aunque también se le conocería como "Doctor Invincibilis" por la fuerza de sus argumentos.
La razón por la que no acabó sus estudios de teología es que, en 1324, tuvo que ir a Avignon, lugar en el que estaba la corte papal, a responder de la acusación de herejía. Allí le investigaron y se comenta que le pusieron bajo arresto domiciliario, aunque parece ser que esta afirmación es fruto de exageraciones. Nunca volvió a Inglaterra.
La acusación principal iba dirigida a los Franciscanos, que defendían la pobreza apostólica (esto es, el no poseer tierras, dinero o posesión alguna, como imitación de la vida de Cristo). Miguel de Ceseña, Ministro general de la orden franciscana, pidió a Ockham que estudiara esta cuestión, y éste llegó a la conclusión de que el punto de vista del Papa (Juan XXII en ese momento), rechazando lo que los franciscanos llamaban "imitación de la pobreza de Cristo", era herético. Además, al Papa se le había hecho ver que su postura era herética, con lo que era un hereje a sabiendas y, con ello, para Ockham, en realidad ni siquiera era el Papa.
Dada la situación, el 26 de mayo de 1328, Ockham, con un grupo de franciscanos, huyó de Aviñón, de noche y con caballos robados, hacia la corte de Luis de Baviera, candidato a emperador. A todos ellos les excomulgaron y persiguieron por haber abandonado Aviñón sin permiso. Sin embargo, su filosofía nunca fue condenada.
Primero, los fugitivos fueron a Italia hasta 1323, año en que se fueron a Munich. Durante su estancia allí, Ockham sólo escribió tratados políticos. De todos éstos, el más importante es el Breviloquium de principatu tyrannico papae o Breviloquium de potestate papae (Discurso breve sobre el gobierno tiránico del Papa o Discurso breve sobre el poder del Papa).
Antes de hablar del Breviloquium, es importante resaltar que la época que le toca vivir a Ockham es un momento de crisis. No sólo de crisis de la cristiandad, sino también en filosofía, en teología, social, etc. Asimismo, en este momento merma el poder papal.
Ockham contribuirá notablemente a esta crisis desde dos frentes. Por un lado, criticará la filosofía, la teología y la moral recibidas del siglo XIII. Por otro lado, luchará contra el régimen cristiano personificado en el Papa. En este sentido, hubo una disputa por el trono de emperador entre Luis de Baviera y Federico de Habsburgo y el Papa Juan XXII pidió recuperar el antiguo derecho de, en una situación dudosa, designar a uno de los dos candidatos para que se hiciera con la corona. Con esto pretendía que no fuera Luis de Baviera quien finalmente se estableciera como emperador. Además, Juan XXII reclamó para sí la regencia del trono alemán mientras que durase la disputa entre ambos aspirantes. Él será quien, posteriormente, excomulgue a Ockham.
La crítica del Breviloquium va dirigida contra el poder papal absoluto y tiránico. Entre los argumentos que da para criticar al Papa encontramos, por ejemplo, que, al alegar que el Imperio pertenece al Papa, se está haciendo una afirmación herética, puesto que el Imperio sólo es de Dios. O el defender la separación de Iglesia y Estado, diceiendo que el Papa sólo puede poner penas espirituales sin salir de sus "dominios". Además, Ockham recuerda que Cristo y sus apóstoles despreciaron todo tipo de bienes y honores temporales, y que "huele a manifiesta herejía decir que todo el poder de Cristo le fue concedido al Papa".
La crisis de la Teología
Para empezar, y frente a la mayoría de los católicos, que intentaban probar la existencia de Dios, él asegura que la creencia en Dios es una pura cuestión de fe. Rechaza, por esto mismo, todo argumento que intente probar la existencia de Dios, a la vez que argumenta en contra de las principales "pruebas de la existencia de Dios" que se dan en su momento, la ontológica y la cosmológica (ver aquí, parte 6, b i-ii).
Desde el punto de vista de Ockham, la teología es algo bien distinto de una ciencia. Quizá en nuestro tiempo esto pueda parecernos una soberana tontería, pero, en el tiempo de Ockham, la Verdad con mayúsculas no era sino la teológica. Las proposiciones científicas tenían un status inferior al de las teológicas, hasta el punto de que más valía retirarlas si es que contradecían a las de la fe, pues la condena estaba prácticamente asegurada.
Pese a todo, él afirma que, para que la teología sea una ciencia, ésta tendría que proporcionarnos conocimiento. Sin embargo, el conocimiento nos viene dado por la experiencia y no tenemos experiencia de Dios, por lo que la teología no puede proporcionarnos conocimiento.
Para seguir leyendo:
Ockham contribuyó en gran medida a la crisis de la cristiandad iniciada en el siglo XIV. Asimismo, ayudó a quitarle fuerza a la teología, no sólo mostrando que carece del método demostrativo y de la validez que tiene la lógica, sino también mostrando que hay cuestiones en las que sólo la fe toma parte.
A Ockham también se le reconoce su contribución al posterior desarrollo de las ideas constitucionales occidentales, a la vez que tiene el mérito de, como se ha dicho en las líneas anteriores, ser uno de los primeros autores medievales en haber defendido la separación de Iglesia y Estado.
Además de su pensamiento político, Ockham tiene numerosas cuestiones lógicas y semánticas, de teoría del conocimiento, metodológicas, metafísicas, éticas, etc. muy interesantes.
Preguntas:
¿Qué os parece la tarea de Ockham?
¿Creéis que la teología y la filosofía deben estar separadas? ¿Por qué?
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