Boecio de Dacia, cuyas fechas de nacimiento y muerte se desconocen, era un averroísta. La tesis principal del averroísmo es la reivindicación de la autonomía de la filosofía y, por ende (en su tiempo), de la ciencia, frente a la teología. Básicamente, los averroístas defendían la independencia del saber científico y filosófico de la fe. Quizá esto, hoy en día, nos parezca una cuestión evidente, pero no era así en su época, en la que todos los saberes estaban subordinados a la teología. En su momento, el de estos pensadores era un gesto valiente. Su gesto supone reivindicar la autonomía de la razón en el siglo XIII. Un "atrévete a saber", con independencia de la tutela de la religión, anterior al acostumbrado (siglo XVIII).

En las condenas que se hicieron al averroísmo en 1277, se le señala como "el principal defensor de estos artículos". Sin embargo, si se leen con atención las 219 proposiciones condenadas, fácilmente se aprecia la imposibilidad de sostenerlas todas a la vez, pues muchas se contradecían entre sí, y la compatibilidad de algunas de ellas con preceptos de la fe cristiana. Todo ello debido a que la compilación de las mismas se hizo de manera precipitada. También se tergiversaron las proposiciones que a él se le atribuían. Sin embargo, no es éste el tema de este post, así que no me detendré más en ello.

Sus obras más conocidas son De summo bono (Acerca del supremo bien) y su Tractatus de aeternitate mundi (Tratado sobre la eternidad del mundo), pero también se conservan obras de lógica, gramática y filosofía natural.

Para defender la autonomía de los saberes, afirma que cada ciencia tiene su propia esfera definida de conocimiento y que, por lo tanto, su validez se restringe a aquello que es racionalmente demostrable desde sus principios. Así, una ciencia determinada sólo puede demostrar en términos de sus propios principios, y, por lo mismo, las conclusiones que podemos extraer de una ciencia son relativas a los principios de los que éstas se han inferido.

De este modo, el filósofo puede llegar a conclusiones que son distintas de lo que dice la fe, pero éstas en realidad no la contradicen, pues sólo son verdaderas en relación a un ámbito determinado de conocimiento. Son ámbitos independientes: filosofía y fe no se contradicen entre sí, pues operan a niveles distintos. Mientras que las verdades de la filosofía se obtienen por medio de argumentos, las verdades de la fe no pueden argumentarse: se creen sin más.

Eso sí, Boecio bien se cuida de delimitar exactamente hasta dónde llega cada ámbito del conocimiento: ni con la matemática, ni con la física, ni con la metafísica, podemos demostrar las verdades de la fe. Éstas, dice el cristiano Boecio, se creen, no se argumentan.

En cuestiones de fe, hay que atenerse a la autoridad divina, y no a los argumentos que el hombre pueda dar desde las causas naturales.
En su Tratado sobre la eternidad del mundo, Boecio de Dacia hace, en sus últimas páginas, una gran defensa del saber filosófico como tarea del sabio, es decir, como la tarea más elevada de todo aquél que lleva la vida más excelsa (definida por él en De summo bono como "hacer el bien, conocer la verdad, y deleitarse en ambas cosas"). Ataca en el Tratado a quienes sostienen que la filosofía destruye la fe cristiana (que era lo que la mayoría de teólogos sostenía en ese momento), afirmando que, quienes así opinan, no conocen cómo opera el filósofo: los principios de la ciencia del filósofo no alcanzan a las cuestiones de fe. De hecho, afirma que “como muchas de las cosas que establece la fe son (...) cosas que no pueden investigarse por medio de la razón humana, por eso allí donde falla la razón, la completa la fe".

Incluso añade que, quien afirma que la filosofía va contra la fe, es que no sabe lo que es la filosofía: "si alguien (...) no puede entender las cosas tan difíciles, entonces que obedezca al sabio y que crea la fe cristiana"

No hay, así, una "doble verdad", como se les presupone a los averroístas, sino que filosofía y fe son cosas distintas e independientes para él. De ahí la principal proposición por la que se condena a Boecio (proposición 10 de las Condenas de 1277):
“No hay ninguna cuestión cuya conclusión sea demostrable racionalmente que el filósofo no deba discutir y determinar".
Lo que no se suele decir es cómo continúa esta proposición en el escrito del que se extrajo (Tractatus de aeternitate mundi):
"Ahora bien,ningún filósofo puede demostrar racionalmente que haya un primer movimiento y que el mundo sea nuevo (...) y tampoco puede demostrar que sea eterno”

Preguntas:

¿Os parece adecuada la caracterización de la ciencia y la filosofía como independientes de la teología? ¿Por qué?

¿Os parece que, de algún modo, Boecio "hace trampas" al decir que filosofía y fe no se contradicen en absoluto?¿Por qué?