Nacida entre el 350 y el 370 d. C. e hija del matemático Teón de Alejandría, que enseñaba en el Museion, vivió en Alejandría en el siglo IV.

En este momento, dicha ciudad era el centro cultural y científico del mundo y contaba con la biblioteca más famosa de la Antigüedad, así como con numerosas escuelas filosóficas y de distintas ramas del saber.

En este siglo, los cristianos consiguieron tener más fuerza en la región y llegaron a prohibir los cultos paganos. Aún así el gobierno romano-cristiano otorgó a Hipatía, que era pagana, una plaza pública y pagada para dirigir la escuela neoplatónica de Plotino.

Se hizo cargo de la misma durante 15 años, y estudiantes de todo el mundo (tanto hombres como mujeres) iban a recibir sus enseñanzas de geometría, matemáticas, astronomía, mecánica y las obras de Platón, Aristóteles y de filósofos neoplatónicos. Llegó a ser la filósofa neoplatónica de Alejandría más eminente a la vez que era la más eminente matemática. Incluso antes de cumplir los 30 era reconocida en las comunidades intelectuales que iban desde Libia a Turquía. Pese al odio a lo pagano, Hipatía era una mujer influyente y respetada por muchos cristianos.




Aún así, fue acusada de conspirar contra el obispo Cirilo, pues el hecho de que una mujer se dedicara a la ciencia incomodaba a este hombre que se esforzó en crear un ambiente de odio contra ella hasta que, finalmente, lo consiguió. Hizo que la muerte de esta cultivada mujer fuera más que dramática.
Sucedió en marzo del año 415. Una multitud de cristianos la tiraron de su carro, le arrancaron sus vestiduras y la arrastraron hasta un templo, donde le cortaron la piel hasta que murió. Por último, la descuartizaron para, después, quemar sus restos.

De ella no se conservan escritos, y se la recuerda sobre todo por la forma en que murió. Según Suidas , escribió tres obras matemáticas y astronómicas. También parece que escribió obras filosóficas enmarcadas en la tradición alejandrina. Además, se dice que inventó un aparato para destilar el agua, otro para medir el nivel del agua y un hidrómetro que medía la densidad de los líquidos.

Cómo no, la historia de la filosofía la ha relegado al más absoluto de los olvidos, como a casi todas las filósofas que han cometido el “pecado” de nacer mujeres.

Fuentes: